Por Matías Terpolilli *
La ciencia y la tecnología están actualmente en cualquier lugar que miremos: cuando prendemos la luz, usamos un celular, cuando nos subimos a un ascensor, nos hacemos un análisis de sangre, tomamos un tren o hacemos uso de alguna herramienta de inteligencia artificial. La ciencia y la tecnología son omnipresentes: se manifiestan en todo ámbito de nuestras vidas, todo el tiempo, en todo el mundo. Comprenderlas resulta entonces fundamental. El astrónomo y divulgador Carl Sagan dijo ‘vivimos en una sociedad profundamente dependiente de la ciencia y la tecnología en la que casi nadie sabe nada de estos temas… ello constituye una formula segura para el desastre’.
El siglo que transitamos actualmente se ve atravesado por un crecimiento acelerado en el desarrollo científico y tecnológico, con una población científica de decenas de miles de personas, y súper proyectos de colaboración mundial con inversiones billonarias. La ciencia necesita décadas, es un proceso continuo, el conocimiento se construye poco a poco y nunca sabemos cuáles son los efectos colaterales positivos que puede tener un nuevo conocimiento científico, por más puro y básico que sea. Toda invención o descubrimiento se desarrolla a partir del conocimiento preexistente, es decir, la suma del conocimiento actual de la humanidad es consecuencia de la evolución de miles de años del producto cultural que llamamos ‘ciencia’.
Caracterización de la ciencia y la tecnología
La ciencia es el resultado de una actividad humana que pretende obtener conocimiento verdadero y profundo acerca del mundo y el Universo. Los científicos intentan obtener este conocimiento a través de representaciones conceptuales, las cuales articulan en teorías y modelos. Por otro lado, podemos entender la tecnología como nuestra capacidad para manipular el entorno. Diferenciamos los conceptos de tecnología y tecnología científica porque con esta última nos referimos a la tecnología basada específicamente en el conocimiento científico adquirido. Aquellos campos del conocimiento que no respetan o no logran satisfacer las características exclusivas de la ciencia (como su metodología, sistemicidad, rigurosidad, evaluación de pares, etc) son los no-científicos. Las pseudociencias, por ejemplo, son no-científicas pero aparentan serlo.
La ciencia básica busca el conocimiento por el conocimiento mismo, sin un fin práctico en particular. Y es la que proporciona las semillas que se necesitan después para el desarrollo de la ciencia aplicada, que es aquella que sí tiene como propósito algún fin práctico. Esto deriva posteriormente en la tecnología científica. La nueva tecnología científica nos permite a su vez explorar cosas del mundo que antes no podíamos porque no existía esa herramienta; entonces podemos desarrollar más ciencia básica y el ciclo se repite. Todo esto forma un círculo virtuoso en el que las tres disciplinas se retroalimentan positivamente.
La pregunta recurrente que se hacen las sociedades es ¿para qué sirve la ciencia? La ciencia significa esperanza. Sobre todo, para los países menos desarrollados como el nuestro. No porque la ciencia vaya a resolver todos los problemas que tenemos, con la excepción del problema de desarrollar la ciencia por la ciencia misma, y de adquirir conocimiento por el conocimiento mismo. Sino porque la investigación científica satisface el ansia de saber, y esto es inherente a la condición humana. La curiosidad es intrínseca en los humanos y otros animales: queremos saber, conocer y entender el mundo. Eso inmediatamente —y de forma inevitable— derrama sobre los otros campos de la sociedad. La ciencia como producto cultural fomenta el pensamiento crítico y nos provee de conocimiento, el conocimiento redunda en soberanía y autonomía para tomar decisiones.
Necesitamos promover más una cultura científica. Esto no significa que todos seamos científicos, sino que es deseable que las personas adquieran una forma científica de ver y pensar el mundo. Amigarse con la idea de reconocer la propia ignorancia, y predisponerse a aprender. Fomentar que cualquier persona, se dedique a lo que se dedique, tenga el oficio que tenga, vea al mundo con curiosidad, con perspectiva de duda y pregunta, y de querer entender por qué las cosas son como son y no simplemente darlas por hecho.
Ciencia y tecnología en la UNLP
La simbiosis entre las Universidades y la investigación científica ha sido fundamental a lo largo de la historia para garantizar la excelencia académica y la constante actualización de los contenidos que se imparten en las aulas. Nuestra UNLP es una universidad modelo en muchos aspectos, en particular en la apuesta que hace a la ciencia, a la tecnología y al desarrollo productivo. El protagonismo de la Ciencia y la investigación en la Universidad Nacional de La Plata es una decisión política. Algunos ejemplos que detallamos a continuación son muestra del rol protagónico de la UNLP en este sentido.
En la Planta de Alimentos deshidratados PAIS se preparan diferentes variedades de guisos de manera simple, sana y sabrosa. El objetivo del proyecto es poner la producción a disposición de los estados municipal, provincial y nacional, para cubrir las necesidades de los sectores más vulnerables en el marco de los diferentes programas oficiales de asistencia social. La fábrica tiene hoy capacidad para producir 150 mil raciones diarias de diferentes variedades de guisos deshidratados que se entregarán a familias de bajos recursos.
Otro ejemplo es la Planta de Baterías de Litio, la primera planta nacional de desarrollo tecnológico de celdas y baterías de ion litio, que es un emprendimiento conjunto entre la UNLP, el CONICET e Y-TEC. Se trata de una apuesta estratégica a la protección del medioambiente a través de la investigación, desarrollo y producción de fuentes de energías limpias.
La Unidad Productora de Medicamentos es un laboratorio de investigación y desarrollo de medicamentos que cuenta con equipamiento de última generación. Sus principales actividades están dirigidas al desarrollo integral de medicamentos, es decir, optimizar las fórmulas y procedimientos de elaboración y estabilidad, para luego transferir esos desarrollos a plantas de producción que se encargan de fabricarlos en gran escala.
El USAT I es el primero de cinco satélites desarrollados por el Centro Tecnológico Aeroespacial de la Facultad de Ingeniería. Este satélite, el primero desarrollado en una universidad argentina, permitirá entre otras cosas realizar observaciones atmosféricas (presión, temperatura, humedad) y estudiar la superficie terrestre.
Sin ciencia y tecnología no hay desarrollo
Es fundamental que comprendamos la importancia de invertir fuertemente en investigación, y de darle la relevancia que merece. Tanto en la Universidad Nacional de La Plata, como en cada una de nuestras facultades, como así también a nivel nacional.
En este sentido, nos parece fundamental concientizar a la comunidad universitaria sobre la necesidad de reconocer y promover la ciencia como uno de los mayores productos culturales de la humanidad, y remarcar la importancia del valor de mirada científica y técnica para trabajar sobre las problemáticas, así como también en la toma de decisiones políticas basadas en la racionalidad, apoyadas en la evidencia. Esto es además un deber para quienes pertenecemos a ámbitos donde se discuten y desarrollan ciencias, sean éstas básicas o aplicadas.
Las condiciones laborales en el sector científico están en decadencia desde hace muchos años y trasciende a los gobiernos. Estas condiciones se ven reflejadas en los bajos salarios, el escaso equipamiento tecnológico, los pobres y retrasados subsidios destinados a investigación, la imposibilidad de participar en conferencias internacionales por los altos costos, los bajos presupuestos de los institutos, la dificultad de publicar en las revistas de primer nivel, todo en declive sin una recomposición a la vista. La situación arrastrada hasta la actualidad es bastante penosa y repercute en dos aspectos esenciales: o bien los científicos deciden ir a trabajar al exterior, donde los sueldos son muy superiores a los nuestros y pueden aspirar a calidades de vida mejores, o bien muchos de ellos (principalmente los más jóvenes) deciden volcarse a la industria o el sector privado, dedicándose a tareas muy alejadas de su tema de investigación, pero mucho más redituables económicamente. El resultado es evidente: menos ciencia producida en nuestro país.
Un país que no invierte en ciencia es un país que renuncia a ser una nación libre y soberana. Un país en vías de desarrollo que no invierte en ciencia es una nación que hipoteca el futuro de sus próximas generaciones.
- Consejero Directivo – Facultad de Cs. Astronómicas y Geofísicas
Fuente: Universidad Nacional de La Plata
