Bienestar estudiantil y el derecho a estudiar
¿Qué necesita un estudiante, además de elegir una carrera y tener un aula, para poder ingresar, permanecer y graduarse en la Universidad?

Por Hernán J. Figueredo*
La pregunta permite pensar el bienestar estudiantil desde una perspectiva más amplia que la de una serie de beneficios o servicios. En la Universidad Nacional de La Plata, las políticas destinadas a acompañar las trayectorias universitarias fueron creciendo y diversificándose desde 2004 hasta la actualidad, a partir de las distintas necesidades que fueron surgiendo en la comunidad estudiantil. Alimentación, becas, salud, vivienda, conectividad, transporte, deporte, recreación y cultura forman parte de una política que busca generar condiciones para que estudiar y graduarse sea una posibilidad concreta.
El punto de partida de este recorrido puede ubicarse en octubre de 2004, con la reapertura del Comedor Universitario. Aquella experiencia, que comenzó con 600 menús diarios, fue creciendo sostenidamente hasta superar, en su momento de mayor alcance, los 10.000 menús diarios para integrantes de la comunidad universitaria. A lo largo de estos años, el servicio no sólo amplió su presencia territorial —hoy cuenta con cuatro sedes, a las que se sumará próximamente una quinta en el predio del ex BIM III, en Ensenada—, sino también las posibilidades de acceso y las alternativas que ofrece. Para los estudiantes, la Universidad subsidia el 60% del valor del menú y, para quienes aun con ese precio no pueden afrontarlo, existe la Beca de Comedor, que permite acceder al servicio de manera gratuita. El Comedor incorporó además el turno noche y la posibilidad de adquirir menús para los fines de semana, junto con opciones vegetarianas y aptas para personas celíacas. De esta manera, una política que comenzó atendiendo una necesidad concreta fue ampliando progresivamente su alcance y sus respuestas.
Con el paso del tiempo la UNLP fue construyendo un sistema de acompañamiento que intenta responder a una realidad cada vez más compleja para los estudiantes.
Las becas son una de las expresiones más visibles de esa política. Actualmente, la UNLP cuenta con un sistema que contempla ayudas económicas para afrontar gastos vinculados con la vida universitaria; acompañamiento para estudiantes que alquilan, destinado a contribuir con el costo de la vivienda; becas para estudiantes con hijos, que contemplan las necesidades particulares que implica sostener una trayectoria universitaria junto con las tareas de cuidado; y apoyos para estudiantes con alguna discapacidad, orientados a favorecer su permanencia y participación en la vida universitaria. También existen becas como la de Bicicleta Universitaria, que permite reducir los costos y los tiempos de traslado; Tu PC para Estudiar, que facilita el acceso a un equipamiento fundamental para cursar y estudiar; y la beca de Conectividad, que busca garantizar el acceso a una herramienta indispensable para la actividad académica. A esto se suman el Albergue Universitario y la ya mencionada Beca de Comedor, junto con una beca específica para estudiantes universitarios que comenzaron sus estudios en contexto de encierro y buscan continuarlos en libertad. El sistema se fue ampliando y diversificando a partir de las distintas realidades y necesidades de la comunidad estudiantil.
Esa diversidad también muestra que el bienestar universitario no puede reducirse a una única prestación. Las dificultades que enfrenta un estudiante no siempre aparecen dentro del aula ni tienen una única causa. Por eso, acompañar una trayectoria universitaria supone atender también varios aspectos más allá de lo estrictamente académico.
Y ese acompañamiento comienza incluso antes del ingreso. La Universidad también trabaja para que quienes todavía están en la escuela secundaria puedan conocerla, imaginarse como estudiantes universitarios y reconocer que la educación superior puede formar parte de su proyecto de vida.
A través de los programas Vení a la UNLP y Vivo la UNLP, se generan distintas instancias de acercamiento a la Universidad: desde recorridas por escuelas secundarias de la región para brindar información sobre las carreras, el ingreso y las políticas de acompañamiento, hasta experiencias que permiten a estudiantes del último año conocer facultades y otros espacios universitarios, participar de actividades académicas y recreativas y compartir durante una semana la vida universitaria. Así, el vínculo con la Universidad no comienza el día de la inscripción: también se construye antes, cuando alguien empieza a conocer sus espacios, sus carreras y las posibilidades que ofrece la universidad pública.
La salud ocupa un lugar fundamental. La Universidad sostiene una política de atención que incluye consultas médicas, salud sexual y obstetricia, salud mental, vacunación, enfermería, atención social, atención domiciliaria y entrega de medicamentos y métodos anticonceptivos, entre otras acciones. Son servicios gratuitos que buscan no sólo atender una situación cuando aparece, sino también trabajar en prevención y promoción de la salud.
El bienestar también se construye en los espacios que permiten encontrarse, compartir y desarrollar otras dimensiones de la vida universitaria. Las propuestas recreativas y deportivas, junto con talleres y actividades artísticas, forman parte de esa concepción más amplia. No se trata de actividades accesorias, sino de generar espacios de encuentro, participación y pertenencia que también forman parte de la experiencia de ser estudiante universitario.
Hay, además, una dimensión que atraviesa muchas de estas políticas y que en los últimos años adquirió una importancia cada vez mayor: la vivienda. Estudiar en una ciudad diferente de aquella en la que se nació implica, para muchas familias, afrontar un costo que puede definir la posibilidad misma de iniciar o continuar una carrera.
El Albergue Universitario representa una de las respuestas de la UNLP a esa problemática. Inaugurado en 2011, ofrece alojamiento, cuatro comidas diarias y acompañamiento interdisciplinario a estudiantes que no cuentan con los recursos necesarios para realizar una carrera universitaria. Su propuesta busca acompañar de manera integral las trayectorias académicas y garantizar condiciones para el ingreso, el progreso y el egreso.
A esta política se suma el Barrio Estudiantil que la Universidad desarrolla en Berisso. El primer módulo contempla 24 viviendas, con capacidad para hasta 88 estudiantes, y fue concebido bajo un sistema de alquileres de carácter social. No se trata de reemplazar al Albergue, sino de ampliar las alternativas de acceso a la vivienda y ofrecer respuestas diferentes frente a una misma necesidad: que las condiciones habitacionales no sean un impedimento para estudiar.
La incorporación de herramientas vinculadas con la tecnología, la movilidad, el cuidado, la vivienda o el acompañamiento de situaciones particulares habla de una política que no permanece estática. Las formas de estudiar cambian, las necesidades de los estudiantes también y, con ellas, deben transformarse las respuestas de la Universidad.
Esa construcción enfrenta hoy un escenario particularmente complejo. La Ley de Financiamiento Universitario fue sancionada en 2025 y establece medidas destinadas a sostener el financiamiento de la educación universitaria pública. El gobierno nacional contrariando la división de poderes e incumpliendo fallos judiciales, no hace efectivo lo que marca la ley y hace oídos sordos al masivo reclamo de todo el sistema universitario.
Para las universidades, el financiamiento no es una cuestión abstracta. Se traduce en salarios, infraestructura, investigación y funcionamiento, pero también en las políticas que permiten que miles de estudiantes puedan sostener sus estudios. Todo esto forma parte de una misma discusión cuando se habla de garantizar el derecho a estudiar.
En este contexto, la UNLP sostiene el desafío de preservar y, al mismo tiempo, ampliar una política de bienestar construida durante más de dos décadas. La continuidad de las políticas de acompañamiento, la ampliación de alternativas, y el desarrollo de nuevas herramientas para atender las necesidades de estudiantes y futuros ingresantes forman parte de ese esfuerzo.
Mirar este recorrido desde 2004 hasta hoy permite advertir que el bienestar estudiantil no fue pensado como un conjunto de beneficios aislados. Es una política que fue creciendo a medida que aparecieron nuevas necesidades y que parte de una idea sencilla pero profunda: ingresar a la Universidad es apenas el comienzo. Porque garantizar el derecho a estudiar no significa solamente abrir las puertas de las aulas. También significa crear las condiciones para que quienes ingresan puedan permanecer en ellas y completar su proyecto universitario.
- Prosecretario de Bienestar Universitario de la UNLP
Fuente: Universidad Nacional de La Plata
