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EL PULSO DE LA CIUDAD

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Por Julio González

Lic. en Comercio Electrónico Universidad Tecnológica Nacional

Estafas digitales: el costo económico y emocional de apuntar a los jubilados

Casi 9 de cada 10 adultos mayores en Argentina enfrentaron un intento de fraude digital en el último año. Detrás de las cifras hay ahorros perdidos, angustia y una pregunta pendiente: ¿quién los protege?

Estafas digitales: el costo económico y emocional de apuntar a los jubilados

Suena el teléfono. Del otro lado, alguien dice ser del banco y pide un código “para frenar un movimiento sospechoso”. En segundos, una persona que cobra una jubilación baja puede perder lo que necesitaba para llegar a fin de mes.

Según un informe del Centro de Estudios en Ciberentornos y Sociedad Digital, de BTR Consulting, consultora en ciberseguridad con sede en Buenos Aires, el 89% de los adultos mayores del país, los llamados “silvers”, estuvo expuesto a intentos de fraude digital en el último año. El 78% recibió pedidos de datos personales o códigos de verificación por llamadas o mensajes, y el 9% reconoció haber entregado información sensible. Para la consultora, ese último dato “evidencia la materialización efectiva del riesgo”.

Un golpe económico y emocional

Los estafadores apuntan a los jubilados por una razón concreta: cobran todos los meses, usan cada vez más servicios bancarios digitales y muchos no tuvieron la oportunidad de aprender a protegerse. El daño no es solo el dinero perdido. Cuando la jubilación ya es baja, una estafa puede significar quedarse sin ahorros, endeudarse o depender de la familia. A eso se suman la vergüenza, la culpa, la angustia y el miedo a volver a usar el celular o el cajero, justo cuando la tecnología podría hacerles la vida más fácil.

Un problema con muchos orígenes

Las estafas se operan de muchas maneras: llamados, mensajes, enlaces falsos y perfiles clonados. Según han mostrado distintas causas judiciales, una parte de estos llamados se origina en cárceles, donde ingresan celulares que no deberían estar. Es una falla de control que debe corregirse, pero el problema es más amplio y exige respuestas en varios frentes.

Hay soluciones

Ninguna alcanza por sí sola, pero combinadas reducen mucho el daño:

  • Controles más estrictos en las cárceles, incluido el bloqueo de señal.
  • Alertas y demoras en transferencias a cuentas nuevas o por montos inusuales, con confirmación por un canal seguro.
  • Cooperación entre bancos, billeteras virtuales y empresas de telefonía para bloquear líneas y cuentas usadas en fraudes.
  • Canales de denuncia rápidos, que permitan frenar una operación antes de que el dinero desaparezca.
  • Educación digital pensada para adultos mayores, en lenguaje simple y con práctica.

Una tarea compartida

Las entidades públicas y privadas no pueden dejar toda la responsabilidad en la víctima. Al Estado le corresponde controlar las cárceles y facilitar las denuncias. A los bancos y las empresas de telefonía, reforzar sus sistemas de detección. Y a municipios, obras sociales, cooperativas y centros de jubilados, ofrecer espacios de formación.

El dato más alentador del informe es que el 81% de los adultos mayores manifiesta interés en aprender a protegerse online. La demanda existe. Falta que las instituciones respondan.

Y en casa: cómo podemos ayudar hijos, nietos y sobrinos

La protección también empieza en la familia. Los estafadores apuntan a las personas mayores porque confían, atienden el teléfono y no quieren molestar. Quienes estamos cerca podemos ser la primera barrera, no para controlarlos, sino para acompañarlos sin quitarles autonomía.

  1. Acordar una palabra clave familiar. Solo la conoce la familia. Si alguien llama diciendo «soy tu nieto, tuve un accidente, necesito plata», pueden pedírsela. Si no la sabe, es una estafa.
  2. Instalar la regla «primero me llamás a mí». Ante cualquier pedido de dinero, datos, códigos o claves, una llamada a la familia antes de actuar. La urgencia es la herramienta principal del estafador.
  3. Revisar juntos el celular y las cuentas. Activar la verificación en dos pasos en WhatsApp, correo y home banking, actualizar el teléfono y las aplicaciones, limitar quién puede agregarlos a grupos y activar alertas de movimientos bancarios.
  4. Practicar con ejemplos reales. Mostrarles mensajes falsos de bancos, «premios», falsos familiares o supuestos soportes técnicos. Reconocerlos una vez, con calma, ayuda a no caer cuando llegue el momento real.
  5. Escuchar sin retar. Si cayeron, o dudan de haber caído, lo más importante es que se animen a contarlo. La vergüenza es la mejor aliada del estafador, y si reaccionamos con enojo, la próxima vez lo esconderán.
  6. Tener un plan si ya pasó. Dejar a la vista el teléfono del banco para bloquear tarjetas y claves, y el contacto de quien los acompañará a hacer la denuncia. Actuar en las primeras horas puede salvar el dinero.
  7. Estar presentes. Una llamada semanal, un mensaje o una visita alcanzan. La soledad es un factor de riesgo: quien se siente acompañado tiene a quién consultar y es menos vulnerable.

La mejor protección no es una aplicación, sino una familia con la que se pueda hablar sin miedo ni vergüenza.

Fuente: informe del Centro de Estudios en Ciberentornos y Sociedad Digital,
BTR Consulting (consultora en ciberseguridad, Buenos Aires).

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