El Niño y el cambio climático: las consecuencias socioeconómicas y los desafíos para los territorios
Un análisis del Departamento de Geografía de la UNLP-CONICET aborda cómo el fenómeno de El Niño puede afectar la producción de alimentos, la infraestructura, la salud pública y las economías regionales, en un contexto de calentamiento global.

Este artículo constituye la segunda parte del análisis sobre los efectos del fenómeno de El Niño. La primera entrega puede leerse en El océano como pulso de la Tierra: El Niño y la urgencia de habitar la incertidumbre.
Elaborado por el Departamento de Geografía del Centro de Investigaciones Geográficas del Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales (UNLP-CONICET), Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.
Los efectos ambientales asociados al fenómeno de El Niño, en el contexto del cambio climático, generan modificaciones en la dinámica atmosférica que impactan de manera desigual sobre los territorios. Sus consecuencias dependen de las condiciones ambientales, sociales, económicas y productivas preexistentes en cada región.
Las alteraciones originadas en la interacción entre el océano y la atmósfera pueden proyectarse a distintas escalas, con repercusiones sobre las actividades humanas, los sistemas productivos y las condiciones ambientales. De esta manera, un fenómeno que se desarrolla a miles de kilómetros de distancia puede incidir en la vida cotidiana de las poblaciones y en el funcionamiento de las economías.
De la anomalía del Pacífico al impacto global. Cadena de efectos de El Niño: océano, atmósfera, eventos extremos y consecuencias. Elaboración propia: Botana y Salaverry, 2026.

De las alteraciones climáticas a la vulnerabilidad social
La interacción entre el océano y la atmósfera modifica los patrones de precipitaciones en distintas regiones del planeta y puede favorecer la aparición de eventos extremos. Entre sus manifestaciones se encuentran las inundaciones y los desbordes provocados por lluvias intensas, así como las sequías y los incendios forestales asociados al déficit hídrico y las altas temperaturas.
Estas situaciones pueden afectar directamente a la producción agrícola, mediante la pérdida de cosechas y la reducción del rendimiento de los suelos. A su vez, las consecuencias se extienden al plano socioeconómico: pueden presionar sobre los precios de los alimentos, debilitar las economías regionales y profundizar la vulnerabilidad de los sectores de menores recursos.
Por eso, evaluar El Niño únicamente desde la meteorología resulta insuficiente. Sus efectos también deben analizarse a partir de su incidencia en la vida cotidiana, la seguridad de las poblaciones y la estabilidad de las economías.
Producción de alimentos y mercados
La agricultura de secano y la ganadería se encuentran entre las actividades más expuestas a las variaciones climáticas. Los cambios en el inicio de las lluvias, las heladas tardías y la saturación hídrica de los suelos pueden comprometer cultivos fundamentales, como el maíz, el arroz, la soja y el trigo.
Las pérdidas productivas pueden generar alteraciones en la oferta de los mercados internacionales, presionar sobre los precios de los alimentos y agravar la inseguridad alimentaria, especialmente entre los sectores económicamente más vulnerables.
Infraestructura, salud pública y riesgos urbanos
Las precipitaciones excesivas pueden provocar daños en rutas, puentes y sistemas de abastecimiento de agua potable y saneamiento. En las ciudades, las inundaciones también pueden afectar viviendas, servicios esenciales y actividades económicas.
Además, la acumulación de agua puede favorecer la proliferación de mosquitos transmisores de enfermedades como el dengue y el zika. La contaminación de las fuentes de agua, por su parte, puede incrementar el riesgo de enfermedades gastrointestinales y otros problemas sanitarios.
El Niño en un planeta más cálido
Uno de los principales desafíos del escenario actual es comprender la interacción entre el ciclo natural de El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) y el cambio climático.
A medida que aumenta la temperatura media global como consecuencia de las emisiones de gases de efecto invernadero, los episodios de El Niño se desarrollan sobre un planeta más cálido. Este contexto puede intensificar determinados impactos climáticos, como las precipitaciones extremas y las olas de calor, aunque sus efectos varían según la región y las condiciones particulares de cada evento.
La convergencia entre ambos procesos plantea nuevos desafíos para la planificación territorial, la prevención de riesgos y la capacidad de respuesta de los gobiernos y las comunidades.
Cómo prepararse frente a la incertidumbre climática
El fenómeno de El Niño pone de manifiesto hasta qué punto las sociedades dependen de las dinámicas naturales de la Tierra. Aunque no es posible evitar la aparición de este fenómeno climático, sí se pueden desarrollar estrategias para reducir sus consecuencias y mejorar la preparación de las poblaciones.
El desafío consiste en pasar de una gestión centrada en responder a las emergencias a otra que priorice la prevención y la resiliencia. Esto requiere anticipar los riesgos, fortalecer las capacidades institucionales y planificar el desarrollo de los territorios teniendo en cuenta sus características ambientales.
Entre las medidas señaladas se encuentran la inversión en sistemas de alerta temprana accesibles, la actualización de la planificación urbana a partir de mapas de riesgo hídrico, la protección de ecosistemas naturales —como humedales y bosques— y la diversificación de las matrices energéticas y productivas.
Estos ecosistemas cumplen funciones importantes en la regulación del agua y la reducción de determinados riesgos ambientales, por lo que su conservación constituye una herramienta relevante dentro de las estrategias de adaptación.
La prevención como política de desarrollo
El Niño no es solamente un fenómeno meteorológico: también plantea desafíos para la gestión ambiental, la planificación territorial y las políticas públicas.
Comprender sus efectos implica reconocer que la vulnerabilidad de una población frente a los eventos climáticos no depende exclusivamente de la intensidad del fenómeno natural. También está condicionada por las decisiones de planificación, las características de la infraestructura, las desigualdades sociales y la capacidad de respuesta de las instituciones.
En este contexto, anticipar escenarios, fortalecer los sistemas de prevención y promover un desarrollo territorial sostenible resultan fundamentales para reducir los impactos y proteger a las comunidades.
Comprender las señales del Pacífico es, en definitiva, una oportunidad para avanzar hacia territorios más preparados, con mejores herramientas para enfrentar los riesgos climáticos y sostener sus actividades sociales y económicas frente a un escenario de creciente incertidumbre.
